Rolando Bernardi

Aca te dejamos un extracto de la entrevista que le realizara Gustavo Levine al querido Rolo

Socio Nro: 2 Rolando Bernardi
Durante el transcurso de una cena, lo escuché a Rolando admitir que si hubiera tenido dinero, el hubiese comprada una coupe Torino, pero como nunca lo había tenido, terminó comprando se Chevy.


Dudé, juro que dudé que eso hubiese ocurrido tal cual Rolando lo había manifestado aquella noche. Porque el dinero, no puede comprarte amor…
Y cuando lo entrevisté, con el objetivo de escribir la historia entre él y sus Chevrolet, terminé de despejar esa duda: Roli tiene un amor incondicional por Chevrolet.


Llega a cada encuentro del club con su Chevy 4 puertas, Súper, del año 1978. Y ha sabido transmitirle su pasión automovilistica a su hijo Luciano Bernardi. Tal es asi, que el útimo domingo de cada mes, llegan por separado al encuentro del Club en Parque Roca. Separados porque cada uno viene en su Chevy…


Pero cuenta en su haber, con el honor de haber sido propietario de muchos autos de la marca. Esto ocurrió, como consecuencia de su admiración por Marcos Ciani, corredor de la gran marca norteamericana cuando él era un pibe.


Esa admiración por el corredor Santafecino, nació cuando Rolando leía en el diario La Razón, antes de cada carrera, cuantos corredores corrían con cada marca. Y se asombraba de ver que con Chevrolet siempre eran los menos los que corrían. Y por ser solidario con ésta minoría, los alentaba para que triunfasen en cada carrera.


Su primer auto fue un Chevrolet 1934 Standard, luego pasó a una Coupe 1939 Standard tambien, de esa Coupe pasó a una De Lujo 1940, a la que Roli llama “La Mireya”, porque “se hacía rueda” para verla pasar, Mas tarde, un Bellair ´57, un Chevy ´70 primera serie, y finalmente el actual Chevy Super ´78. Claro que hubieron momentos difíciles en la historia de vida de Rolando Bernardi, y sus Chevrolet.


En los tiempos que la Argentina ostentaba como un gran avance hacia el futuro, el denominado “Plan canje”, que proponía abandonar cualquier intento de recomponer un auto “viejo”, para darlo como parte de pago por un reluciente 0 km, justo por aquellos días, el motor del Chevy del Rolo, dijo Basta!!!

Y entonces hubo reunión familiar para decidir que hacer con él: O iba al Plan canje, o iba al taller para renacer como el Ave Fénix de la cenizas.
Pero el amor por los fierros pudo mas que cualquier publicidad gubernamental, y la decisión final fue desmantelar por completo el Chevy, para darle la oportunidad de seguir con vida, en lugar de enviarlo al desguace que proponia el maldito Plan Canje. Y asi fue como ese Chivo retomó su andar por calles, rutas, y otros lugares.


Sus pibes lo convencieron de no largarlo, y la restauración duró 11 años.
Rolando afirma no hacerle ningún cuidado especial a su cuatro puertas. Y exagera en un intento de confesión: “- Creo que ni lo lavo…lo tapo con la funda, y solo le paso el plumero”.

Si bien reconoce que popularmente una Coupe atrae mas a aquellos que se cruzan por la calle con un auto clásico, nos cuenta que muchos suelen transmitirle su admiración mientras viaja con el Super ´78 hacia algún encuentro, único motivo por el cual le saca la funda: Ir a diferentes reuniones y caravanas.

El exterior del Chevrolet de Roli, se mantiene en su estado original. No así la mecánica, que ofrece algunas mejoras de las propias manos y eficiencia reconocida en el ambiente Chivo, de su propietario. Según Rolando, lo que él hizo fue “actualizar la mecánica”, para lograr, por ejemplo, mejor frenada y mejor tenida. Solo eso. Y hasta un poco se enoja con aquellos que hablan de mejorar las levas, la velocidad, sin considerar si el auto frena bien, si tiene buena dirección, etc.


Rolo se siente muy feliz manejando un Chevrolet. Lo disfruta a pleno. Y esa felicidad no se empaña pese a saber con certeza que en verano va a pasar calor, y en invierno frío a bordo de cualquier auto de este estilo, según sus propias palabras.


Jamás va a olvidar su Coupe Chevrolet 1940 porque le tenía un terrible cariño. Un día se la prestó a su cuñado, y tan lindo andaba esa Coupe, que había que saber pararla. Y no fue precisamente su cuñado quien detuvo la marcha del auto, sino un Mercedes 3500 que le abolló todo el costado izquierdo. Lo metió todo para adentro de guardabarros a guardabarros… La Coupe logró detener su marcha, claro. Pero la amargura fue tal, que Bernardi decidió venderla, algo de lo que con el correr del tiempo se arrepintió.


Lo familiar es un sentimiento muy grande para Rolando. Su actual Chevy, espera que lo herede algún integrante de su familia. Y su llegada al Club Amigos de Chevrolet Buenos Aires, fue junto a su hijo Luciano. Rolo observaba como estaba gestándose esta movida alrededor de los autos de la marca, y le insistió a su hijo para acercarse. Hoy, son dos infaltables hombres dentro de la organización. Y muy queridos y respetados en todo el ambiente de autos clásicos, por cierto.

La historia de Rolando Bernardi con sus Chevrolet, trae consigo el relato con exactitud y lujos de detalles, de aquella Luna de Miel (Su hijo Luciano también fue a su Luna de Miel viajando en Chevy por el país, como relatamos en su historia) en 1968, viajando con su flamante esposa, en esa querida y jamás olvidada Coupe Chevrolet 1940.

Si, han leído bien: En el año 1968, con una Coupe 1940.
Entrecerrando los ojos, y antes de darle permiso a las emocionadas lágrimas para recorrer su rostro, Rolando comienza relatando su viaje de bodas, con el detalle de las ciudades recorridas: “- Arranque de Buenos Aires, Rio Cuarto, Carlos Paz, San Juan, Mendoza, y bajé toda por la 40, el asfalto terminaba en Malargüe, de ahí para adelante todo ripio, cruzar dos ríos en balsa, hice todo el camino de Siete Lagos, y después volví por Neuquén”.

En Mendoza, Rolando se acercó a la concesionaria oficial Chevrolet “Carlos Pesado Castro”, para que le hicieran una revisación general del coche. Le dieron, para unos dás mas adelante, la fecha en la que debía pasar a retirarlo.

Pero para sorpresa de nuestro socio, la Coupe no estaba en la concesionaria. Es de imaginar las sensaciones encontradas de Rolo, quien, a mil kilómetros de su casa, y con su esposa esperándolo en el hotel para continuar el viaje, fue a buscar su auto y éste no estaba…
Incómodo, preguntó donde estaba la coupe. Y la respuesta fue: “- Se la llevó el capataz a “El Zonda”, para probarla, porque vió que cuando frenaba, el coche se atravesaba”…. Y Rolo, entre mas tranquilo por saber que nadie le había robado la Coupe, y muy nervioso por el riesgo que a su criterio corría el auto manejado por manos extrañas, les dijo que él sabía que eso ocurría con su Chevrolet, y aún a pesar de haberlo colocado servo para frenarla mejor… Una Coupe Chevrolet 1940, a la que en 1968 solo Rolando podía controlar!!!

Volvió la sonrisa durante el relato de ese viaje y sus anécdotas. E inmediatamente regresó la emoción en todo el cuerpo de Rolando Bernardi, Rolo, al finalizar la entrevista que le hicimos para conocer, de sus propias palabras, su historia de vida entré él y sus diferentes Chevrolet.

Y tan duro y recio que parece cuando permanece concentrado en el motor de algún Chevy familiar…

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