Cristian Galeccio

Hoy les voy a contar un pedazo de mi vida junto a un auto que es una extensión más de mi cuerpo, así como es e un brazo o una pierna.


Corria el año 1976 y mi tío Osvaldo chevroletero hasta la médula entraba a la casa de mi padre llorando desconzoladamente.

El garage dónde guardaba a su amada Chevy 1973 o tan solo 27 mil km se le había caído la oficina de losa encima.

Yo tenía 11 años todavía hoy recuerdo ese momento.
Un año después se compraría la coupé que hoy tengo y atesoro yo.

Recuerdo que la quería un sobrino por parte de su mujer mi tía Nanci, y yo no tenía ni para darle la seña.

Rápidamente vendí mi auto particular fui a la casa y le puse 5800 pesos.
Mi tía no quería saber nada porqué el tío se la había prometido a su sobrino, me acuerdo que fue terrible ese momento no hubiese querido estar en los pantalones de mi tío, Tenía 58 mil km.


Cuando llegue a casa con la Chevy la cara de mi padre era una mezcla de felicitarme y cagarme a patadas.


Había vendido un auto O KM para comprar un usado.
Pero con el tiempo se dió cuenta que no fué una simple calentura de un muchacho.


Hoy a los 55 años me detengo a mirarla y veo casi toda mi vida como en una película.


Salud amigos chevroleteros, esa es mi historia.

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